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Artículo 004

SER DISCIPLINADO

La disciplina es una virtud que se cultiva día a día, con las vicisitudes de la vida y sus necesidades, se aprende por imitación (cuando una figura importante en tu vida te lo enseña) o por decisión propia.

De las dos formas es básico encontrar y mantener el objetivo claro de la razón por la cual se es disciplinado, ya sea por ejemplo, por conveniencia de tiempo, por cumplir con una meta académica, ser organizado, encontrar las cosas fácilmente, tener un lugar limpio y agradable, tener una imagen personal agradable, optimizar el tiempo, sentir tranquilidad al tener al día las labores, pagos, deudas, pensar en inversiones económicas, tener tiempo libre productivo, enseñar al otro por imitación.

Cuando se es una persona disciplinada tiende a serlo en todos los espacios de su vida, en lo personal, labora, social y académico. Le gusta ser puntual, cumplir sus promesas y compromisos, respeta el tiempo de los demás, es metódico, organizado, su cama está bien tendida, su lugar de trabajo u hogar limpios y organizados, impecable en su forma de vestir, le gusta planificar sus actividades, aprovecha el tiempo libre, es equilibrado y coherente con sus sentimientos, si alguna actividad de su rutina se modifica, usa su tiempo de forma productiva, en su léxico no están las justificaciones ni excusas, resuelve rápidamente sus conflictos pues confía en sí mismo y reconoce sus fortalezas y debilidades, tiene autocontrol y buenos hábitos.

En muchas ocasiones cuando se es disciplinado existe el riesgo de llegar a ser perfeccionista, aspecto que ya no es una virtud puesto que puede alterar el estilo de vida, la salud, las relaciones sociales y las actitudes frente a sí mismo y hacia los demás. Cada vez que la disciplina se vuelve exigente, demandante, con actitudes arrogantes e impacientes, se ha dejado de ser disciplinado para ser perfeccionista.

La perfección es un estado difícil de alcanzar pues en la vida existen cambios repentinos, situaciones complejas, y personas con pensamientos divergentes que hacen que la cotidianidad sea diferente cada día.

La perfección implica que las expectativas sobre algo son demasiado altas y cuando estas no se cumplen invaden la pereza, la impaciencia, la intolerancia, la rabia, el desosiego, la frustración y más sentimientos negativos que de paso alteran la salud, generando muchas veces: alteraciones en el corazón, en el sistema digestivo, espasmos, alergias, alteraciones óseas, ansiedad, irritabilidad, stress, migraña, alteraciones en la alimentación, pérdida de cabello, entre otros.

Así pues, la disciplina proporciona salud mental y sanas relaciones, no garantiza que no existan problemas pero si proporciona tranquilidad pues rápidamente se obtendrán las soluciones cuando tienes una vida organizada. Es importante reconocer cuando los problemas deben manejarse en el tiempo y no de forma inmediata. Es por ello que la disciplina debe ir acompañada de la fe, la espiritualidad, pues esta permite dar cuenta de que todo no lo puedo resolver solo y requiero de un ser superior que me acompañe, ilumine y guie, que además conlleva a la nobleza, fortaleza y sabiduría.

¿Cómo se puede formar la disciplina? desde que nacemos, para el caso de los padres: cuando formamos rutinas en el hogar que aunque pueden ser modificables en el tiempo de acuerdo a su edad, siempre guardan su esencia de valores como: el orden, el aseo, la planificación, la perseverancia, el seguimiento de instrucciones, el buen manejo del tiempo libre: deporte, lectura, arte.

¿Cómo podemos aplicar la disciplina?

Una disciplina muy estricta es mala para el desarrollo de los pequeños y una ausencia de disciplina también ¿qué podemos hacer? Se trata de encontrar el equilibrio entre ambos extremos y aplicar lo que se conoce como disciplina positiva, la cual es una metodología que tiene sus orígenes en los años 20 en las ideas de Adler, Psiquiatra infantil, junto con Dreikurs. Pero es a partir de los años 80, con Jane Nelsen, que se sistematizó, experimentó y se ha comprobado hasta el momento actual, el beneficio de esta manera de educar.

La disciplina positiva, parte del respeto al niño y sus necesidades.
La disciplina positiva entiende el castigo como una consecuencia lógica a la conducta no deseada del niño. La consecuencia a la mala conducta es necesaria para el niño.
La disciplina positiva se basa en límites y normas, pero que sean adecuadas a la edad y etapa de desarrollo del niño.
La disciplina positiva, comienza por explicar las normas y las consecuencias. Es importante que el niño sepa lo que se espera, lo que se le pide y que conozca lo que pasará si no cumple con lo esperado.
Con la disciplina positiva en ningún momento se daña física o verbalmente al niño. Los golpes, gritos e insultos no forman parte de este tipo de disciplina y tampoco las etiquetas, indirectas, etc.
El apoyo emocional y el afecto no se retira.
Con la disciplina positiva se trata de hacer entender al niño las consecuencias de sus actos y con ello se favorece el desarrollo de estrategias de autocontrol.
Enseña valiosas habilidades para la vida (Respeto, habilidad para resolver problemas, participación, colaboración, responsabilidad…)
Ayuda a que los niños desarrollen sus capacidades y sean conscientes de ellas.

Otro buen ejemplo para fomentar la disciplina es el RETO de la Estrategia de las 5´S usada frecuentemente en temas de administración, implementarla en casa con los hijos favorece los buenos hábitos y con ello fomentar habilidades de autodisciplina:

Esta es una estrategia muy usada tanto en el hogar como en el trabajo. Es aplicable para la vida. Pues es en la familia donde se enseñan los primeros valores; valores que serán sustento para la vida en sociedad y a lo largo de la vida de cada uno.

La ausencia de disciplina es muy peligrosa. Educar sin castigos, sin disciplina, sin consecuencias, da lugar a estilos de vida negligentes. El niño crece inseguro, se convierte en un niño tirano, crece pensando que puede hacer lo que quiera y cuando quiera, no tolera la frustración, no acepta un no, y no desarrolla estrategias para auto controlar la propia conducta.

La ausencia de disciplina no es buena para los niños, al igual que tampoco lo es una disciplina demasiado severa.

Los niños necesitan límites y disciplina para su desarrollo sano. Si queremos que crezcan felices, que sean capaces de respetar a los demás, y entender que no todo gira a su alrededor es muy importante poner límites y aplicar la disciplina. Se formarán personas exitosas, que conquisten su propio ser.

Creado por:

Departamento de Psicología de la OETH

 
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