Colegios hermanos

Creciendo y aprendiendo juntos con la OETH

“CRECIENDO Y APRENDIENDO JUNTOS CON LA OETH”

BOLETÍN MENSUAL DEL DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA Y DEL CUERPO COLEGIADO DE COORDINADORES DE LA SECCIÓN PRE-ESCOLAR DE LA ORGANIZACIÓN EDUCATIVA “TENORIO HERRERA”

PAUTAS PARA LA CRIANZA DE NUESTROS NIÑOS

SEPTIEMBRE DE 2.018

AUTORIDAD QUE ENTERNECE

“El amor auténtico es el más eficaz creador y promotor de la existencia. Si tantas personas – bien o mejor dotadas – siguen siendo tan mediocres, se debe a menudo, a que nunca han sido amadas con un amor tierno y exigente”
- Ignace Lepp.

Orientar y acompañar a los niños a lo largo de su desarrollo es todo un desafío para los padres y demás adultos que estén involucrados en este proceso, pues en la medida en que los niños crecen, también van surgiendo nuevos retos y preguntas respecto a lo que será mejor para su crianza. Indiscutiblemente los padres desean preparar a sus hijos para la vida, y aunque decir SI es muy fácil, el verdadero amor, el que guía hacia la excelencia, la responsabilidad y la satisfacción personal requiere disciplina, límites y una renuncia a la complacencia parental.

Hablar de autoridad no es fácil, mucho menos asumirla; no obstante, debemos entender que es una expresión de amor, pues la autoridad que nuestros pequeños necesitan es aquella en la que se reconoce las posibilidades que cada niño tiene al crecer, al ser autónomo e independiente y en esa medida se acompaña de ciertas exigencias para fortalecer dichos aspectos.

Es importante ejercer una autoridad que enternezca y nos permita acompañar a nuestros pequeños en su proceso de crecer mientras fortalecemos el vínculo afectivo con ellos; los límites NO excluyen el amor y, por el contrario, es necesario un equilibrio entre ambos. Algunos aspectos a tener en cuenta:

  • Debemos reconciliarnos con el término autoridad: en ocasiones le atribuimos una connotación negativa que nos lleva a pensar que debe ser asumida sólo cuando los niños hacen algo inapropiado.
  • Los adultos debemos asumir la autoridad como un acto de amor desde los primeros meses de vida de nuestros niños, por ejemplo: “ya es hora de dormir”, “bájate de esa silla porque te puedes lastimar”, etc.
  • Reconozcamos las posibilidades de autonomía e independencia que tienen los niños y de acuerdo a eso les vamos dando algunas responsabilidades, esto les hace sentir que son valiosos e importantes, por ejemplo: “después de jugar debes recoger los juguetes”, “yo te acompaño pero debes vestirte solo”, etc. Quien es autoridad exige con amor, NO se impone sino que reconoce el ritmo de cada niño y lo que es capaz de hacer.
  • Los adultos que ejercemos la autoridad desde distintos contextos (casa, Colegio) debemos ser claros y coherentes con los niños por esto es importante que se establezcan acuerdos y podamos trabajar en equipo.
  • La palabra tiene un lugar muy importante, pero debe ser clara, amorosa y firme a la vez. No son los gritos los que aseguran un mayor respeto por la autoridad, es el amor, el ejemplo y la coherencia lo que favorece en los niños el valorar los límites pues comprenden que estos le ayudan a organizarse y aprender a asumir situaciones a lo largo de su vida.

CLAVES PARA ASUMIR UNA AUTORIDAD QUE ENTERNECE:

  • No discuta o se esfuerce en dar largas explicaciones a los niños, las instrucciones claras y concretas son más fáciles de comprender y así ellos podrán obedecerlas.
  • Acompañe con amor: es importante que los adultos acompañemos a los niños en todos sus procesos y en los aprendizajes que tienen. A través de nuestras palabras podemos ayudar a los niños a fortalecerse emocionalmente, lo cual les permitirá enfrentar sus frustraciones y angustias; creemos la necesidad en ellos de aprender y ser independientes y autónomos, pero que a la vez se sientan acompañados.
  • Reconozca los logros de sus hijos y expréseles lo orgulloso que se siente de ver cuánto crece y cuánto aprende, pero también sea firme cuando deba disciplinar por un comportamiento inapropiado. Es importante la claridad en las sanciones y hacerlo sin enojo: una actitud tranquila refleja que es la autoridad quien tiene el control de las situaciones y que quiere enseñar con amor. Por ejemplo: en medio de una pataleta establecer un “tiempo fuera” para tranquilizarse y pensar, etc.
  • La firmeza de la autoridad no significa autoritarismo, por el contrario implica que hay unos límites y acuerdos claros que no son negociables. Es un equilibrio entre reconocer al otro y respetarle, sin caer en la permisividad de consentir todo lo que desee.
  • Los niños necesitan referentes de autoridad claros y coherentes por esto es necesario que los adultos cumplan sus promesas (“la otra semana te llevaré a patinar”) y también las sanciones que Haya determinado previamente (“si no almuerzas no vamos al parque hoy”).

EL DESARROLLO DEL LENGUAJE EN LOS NIÑOS SE DA EN DIFERENTES DIMENSIONES:

Forma (organización, estructuración del lenguaje y manera de pronunciar o articular cada fonema o sonido), contenido (relacionado con el vocabulario, la comprensión, el seguimiento de instrucciones, significado de las palabras) y uso (la utilización y uso del lenguaje en los diferentes contextos en los que se desenvuelve el niño).

Dichas dimensiones del lenguaje avanzan y se adquieren progresivamente de acuerdo a la edad, hasta completarse alrededor de los 5 años. A medida que va creciendo su cuerpo, va teniendo habilidades motoras más organizadas y voluntarias, sus posibilidades de comunicación se van incrementando y complejizando progresivamente, pues motricidad y lenguaje tienen una estrecha relación en el desarrollo. Durante los primeros meses de vida los niños se comunican a través del llanto, que con el pasar del tiempo se vuelve más diferenciado, permitiéndole al adulto identificar por qué llora: cólico, mojado, calor, etc.

La familia juega un papel determinante, pues es fundamental que los adultos no seamos intérprete de los niños, se le debe hablar claro, sin diminutivos, evitar la comunicación por señas, gestos o sonidos; llamar las cosas por su nombre no por apodos y exigir una comunicación verbal. En cada situación que vivimos está inmerso el lenguaje, por eso, durante las actividades cotidianas es necesario verbalizar lo que se hace con los niños: “te voy a poner la camisa, ¿dónde está el brazo?”, “¿dónde nos vamos a jabonar primero?”. Es necesario realizar diferentes tipos de preguntas donde la respuesta no sólo sea “si” o “no”, sino que se permitan dar opciones para que poco a poco el niño logre tener respuestas espontáneas de acuerdo a sus motivaciones, gustos, intereses y necesidades.

Si bien el desarrollo del lenguaje se da paralelamente a otros desarrollos, también es importante tener en cuenta las actividades que pueden promoverlo partiendo de las necesidades de cada niño:

De 0 a 2 años, es importante proporcionar estímulos en los cuales se nombre los objetos, se den instrucciones cortas y concretas, se hagan preguntas y se permita el tiempo para que respondan, así no lo hagan, se irán preparando para el respeto de turnos.

Durante esta edad inician el balbuceo, la imitación, repetición de sonidos y palabras bisílabas o el final de aquellas que son más largas, así como movimientos con la boca; por eso, practicar los siguientes ejercicios ayudará a fortalecer sus músculos para pronunciar a futuro todos los fonemas o sonidos del habla: sacar y meter la lengua, moverla a los lados, arriba, abajo, chasquearla, soplar, empujar las mejillas con la lengua, inflarlas, tirar besos fuertes y sonoros, hacer boca de pescadito, entre otras.

Entre los 2 y 3 años, los niños incrementan considerablemente su vocabulario, cada vez hablan más, los sonidos para nombrar los objetos van desapareciendo para pasar a llamarlos por su nombre; empiezan a formar oraciones de dos palabras: “mamá jugo”, “papá parque”. Poco apoco su lenguaje se va volviendo más estructurado, claro, con algunas fallas para conjugar verbos y artículos: “un mesa”. Es importante que en esta edad se inicien juegos de mesa como loterías, lectura de cuentos e imágenes, canten y bailen las rondas infantiles siguiendo las instrucciones, se describan objetos por sus características físicas o usos.

Durante esta etapa, ya deben comer todo tipo de alimentos sólidos y articular los fonemas /m, p, b, n, ñ, f, l, t, d, j/.

Entre los 3 y 4 años, el lenguaje se encuentra mucho más estructurado, sólo falta que se complete la conjugación de verbos en los diferentes tiempos verbales. Durante esta etapa, los niños logran iniciar y mantener conversaciones sencillas con pares y adultos. Empiezan a narrar cuentos y articulan los sonidos /s, c, g, r/ y los sonidos combinados con /l/, pl, bl, fl. Jueguen a las adivinanzas, conversen, describan láminas, preparen recetas.

Entre los 4 y 5 años, se estructura por completo el lenguaje, ocasionalmente se dificulta la conjugación de los verbos, se adquiere la articulación completa de los fonemas /r, rr/ y de las sílabas combinadas con ellos: br, pr, cr, dr, fr, gr, pr. Conversan con adultos con coherencia y logrando finalizar la conversación, cuentan y narran historias, y son capaces de crear las propias. SE recomienda realizar con los niños trabalenguas, rimas, jugar a interpretar diferentes personajes, al supermercado, a la peluquería, a la mímica.

Si al finalizar esta edad aún no se ha logrado la articulación del fonema /r, rr/, practiquen los ejercicios de lengua y busquen el apoyo de un profesional en el área para que les apoye. Es importante que al iniciar el proceso de lectura y escritura, el lenguaje oral este adquirido con el fin de evitar dificultades durante el desarrollo del lenguaje escrito.

DIEZ PROPUESTAS PARA LOGRAR UNA SANA AUTOESTIMA EN SU HIJO

  • Demuéstrele a su hijo que lo ama, por lo menos una vez al día, pero demuéstrelo con sinceridad y de una forma en que él pueda entenderlo. Así se sentirá digno de ser amado.
  • Cuando su hijo le habla, póngase a su altura y mírelo a los ojos con atención y dulzura. Con eso él entenderá que a usted le interesa lo que él quiere decirle y se sentirá con derecho a expresarse libremente.
  • Cuando necesite corregir a su hijo, déjele claro que rechaza su conducta, no a él como persona. Así se dará cuenta de que usted lo acepta tal y como es y le ayudará a tomar distancia ante la mala acción.
  • Hágale saber con frecuencia a su hijo que confía en él y en sus capacidades. Eso le servirá de motivación para aprender a confiar en sí mismo.
  • Cuando su hijo se enferma, invierta tiempo en acompañarlo amorosamente y en escuchar sus quejas, no solamente en suministrarle las medicinas. de esa manera aprenderá el valor y el goce del autocuidado.
  • No resuelva los pequeños grandes problemas de su hijo. Ayúdele a encontrar y a ensayar varias soluciones. De esa forma se fortalecerá su carácter y aprenderá que es capaz de hacerle frente a la vida por sí mismo.
  • Interesarse por cómo le fue a su hijo hoy en la escuela es una forma valiosa de expresarle que lo ama, pero es mucho mejor si además se interesa por cómo se ha sentido. Eso le ayuda a sentirse reconocido como persona sensible.
  • Dé a los sentimientos de su hijo el reconocimiento y el valor que se merecen. Aunque a usted le parezcan tonterías, para él son de gran importancia. Cuando usted respeta sus sentimientos, él se siente con derecho a reconocerlos y a expresarlos, lo que le ayuda a elaborarlos y a aceptarse como persona vulnerable sin sentir temor por ello.
  • Déjese involucrar con alguna frecuencia en las iniciativas de su hijo y desarrolle con él pequeños proyectos paso a paso. eso estimula su creatividad y su liderazgo. Además, le da la oportunidad de sentirse orgulloso de sí mismo y de sus logros.
  • No tema decirle no, con firmeza, a su hijo. Pero cuando lo haga, explíquele por qué no, de manera respetuosa y anímelo a buscar alternativas aceptables. así se dará cuenta de que su opinión cuenta, pero no es la única.

RUTINAS DIARIAS Y CRIANZA

La educación del niño comienza desde el momento mismo de su nacimiento en un proceso ininterrumpido, es decir, que no termina, ya que educar y educarse es una labor permanente, y el hombre durante toda su vida está en pleno proceso de formación y educación. las rutinas diarias, cotidianas, que de alguna manera constituyen un horario de vida, son el primer paso en la educación del niño y la base para la estabilidad y la actividad organizada de su sistema nervioso, preservándolo de la fatiga, garantizando el funcionamiento normal de su cuerpo y la satisfacción racional de sus necesidades básicas.

¿QUÉ ES RUTINA DIARIA?

Las rutinas son los patrones y hábitos que cada familia establece en su vida diaria, esto es, horas fijas y maneras precisas para efectuar ciertas actividades. Intuitivamente, y a veces sin conocer la importancia de establecer rutinas para el cuidado y bienestar del niño, las madres acostumbran por ejemplo bañarlo y asolearlo a la misma hora; así mismo, lo mecen y arrullan siempre de la misma forma y, en general, son las mismas personas las que cada día lo atienden y satisfacen sus necesidades, por lo cual estos cuidadores se van convirtiendo para el niño en personas significativas con quienes establece relaciones afectivas y protectoras. lo anterior implica comprender el desarrollo del niño en interacción con el medio ambiente, para lo cual es necesaria una atención sostenida de sus necesidades: alimento, sueño, vigilia y aseo, entre otras, por lo cual es claro que son muchas las ventajas para el desarrollo físico y psicológico del niño que se establezcan para cada día rutinas precisas y constantes.

RUTINA DIARIA Y DESARROLLO

Las rutinas de cada día proporcionan al niño oportunidades para aprender de sí mismo, de los demás y del ambiente que lo rodea. mediante las rutinas de aseo, por ejemplo, se proveen cuidados físicos que no solo tienden a mantener la salud, sino que, además, paulatinamente llevan al niño a adquirir conciencia de su propio cuerpo. pero esos cuidados físicos son también la base del sentimiento de identidad en la medida en que le van permitiendo una diferenciación entre él y los demás, ya que inicialmente el niño no se sabe diferente, sino que siente que es uno con su madre y con su medio.

Una atención sostenida se refiere a maneras y personas constantes, es decir, teniendo en cuenta que cada madre o cuidador “acuna” o lleva y acompaña al niño de diferentes formas, para lo que es necesario que haya constancia en cuanto a la manera de atenderlo y mucho más en cuanto a la presencia de esa persona, ya que estos elementos producen en el niño una sensación de continuidad.

Si un niño es atendido cuando lo necesita (llora y su mamá acude y lo carga) siente seguridad y aprende que sus señales son adecuadas. por lo tanto, el cuidador debe ser constante, predecible, cariñoso y sensible para responder a las necesidades del niño, lo cual a la vez se convierte en una función de protección contra experiencias que pueden ser angustiosas.

Dicha continuidad por medio de un adulto cariñoso y predecible para atenderlo produce en el niño una sensación de confianza en el entorno y en los otros, pues sabe que puede depender de alguien y está seguro. además de sentirse valorado e importante se siente reconocido y con la sensación de ser aceptado y amado, todo lo cual le proporciona un gran nivel de seguridad para el resto de la vida.

CRECIENDO Y APRENDIENDO JUNTOS

La rutina de cuidados diarios requiere evolución y adaptación progresiva en la manera en que se proporcionan a medida que el niño crece. Mantener una rutina ordenada para el día y reglas consistentes permite al niño anticipar hechos, predecir qué va a suceder y cuáles serán las respuestas de los adultos, lo que incrementa y mantiene su sentimiento de confianza, y le permite de alguna manera dominar parte de lo que ocurre en su ambiente, aspecto determinante en el desarrollo mental y la elaboración del pensamiento.

La organización externa del ambiente le ayuda a entender al niño que hay un momento para cada cosa y que todo en la vida tiene su momento: hay un momento para comer, un momento para jugar, un momento para estar activo y un momento para descansar, y un momento para empezar y un momento para terminar.

Esta organización le va permitiendo paulatinamente la autorregulación, es decir, el proceso por el cual el niño puede responder de una manera exitosa a una demanda, sin depender del medio. así mismo, el orden externo va creando un orden interno y posibilita la formación de estructuras mentales, aspecto fundamental del desarrollo intelectual.

Al dar al niño la seguridad de saber lo que se espera de él y lo que él puede esperar de su ambiente se evitan algunas situaciones diarias que pueden causar estrés y malestar en el hogar.

Aprende, por ejemplo, que después de comer, lavarse los dientes y ponerse la pijama se aproxima la hora de dormir, por lo cual está preparado para ello y será más fácil llevarlo a la cama.

El niño se siente mucho más tranquilo y le es más fácil cooperar en estas actividades. poco a poco va haciendo suyo este orden de acciones y se adapta a él. Por eso, cuando la rutina cambia es necesario comunicárselo con anticipación: “hoy vendrán a comer los abuelos, tenemos que terminar de jugar más temprano y preparar la mesa para la comida”.

Los niños necesitan saber qué deben esperar y tener suficiente tiempo para moverse entre actividades. Anunciarles que pronto deben terminar la actividad a la que se dedican les permite terminarla tranquilamente, guardar lo que sea necesario guardar y moverse a la actividad siguiente de manera calmada y sin presiones, lo cual es respeto por el niño.

Como puede verse, los niños prosperan física y psicológicamente en un ambiente de rutina en el que se satisfacen con constancia y cariño sus necesidades. esta es también la base de la disciplina al aprender que hay un momento y una manera para cada cosa, asimilando a la vez hábitos de vida saludable.

RUTINAS Y FORMACIÓN DE HÁBITOS

Los hábitos se forman por repetición. Son como un lazo formado por varios hilos: si alguien ejecuta una acción solo una vez, el hilo se revienta muy fácilmente, pero si la repite una semana se necesita más fuerza para romper siete hilos juntos. y después de unos meses, romper la cuerda costará mucho trabajo. Así son los hábitos: se aprenden principalmente por imitación.

Las rutinas, entendidas como se ha explicado, se convierten en rituales, los cuales se caracterizan por la tensión entre los deseos del niño y la práctica que determina la cultura como deseable en cada caso (costumbres, creencias, valores y patrones), es decir, lo que la sociedad enseña que sí se puede hacer porque está bien visto y su práctica es una exigencia para de esta manera ser aceptado.

Dicho de otro modo, son las rutinas diarias las que dan sentido a la vida en una sociedad.

La aceptación por parte del niño de estos rituales que se da en el contexto de vínculos seguros con adultos significativos (ritualización) llevará a la formación de hábitos saludables. por el contrario, la aceptación del ritual que se da en medio de vínculos inseguros, de tal forma que estanca en la etapa de desarrollo (ritualismo) llevará a la distorsión en la formación de hábitos, con mayor rigidez y menor adaptación a la vida en comunidad. si el niño vive en un ambiente en el cual los miembros de la familia tienen una rutina para cada cosa: lavarse los dientes, saludarse, acariciarse, hacer ejercicio… aprenderá estos hábitos sin necesidad de que el adulto se esfuerce para inculcárselos. si en la familia los padres piden las cosas siempre con un por favor y dan las gracias, el niño aprenderá las rutinas de convivencia de manera natural.

Hay otra clase de actividades que pueden llamarse hábitos y que se hacen por placer, como la lectura, escuchar música, hacer deporte. Estas actividades tienen un gran peso en el desarrollo integral y armónico del niño. Hay que darles también su tiempo y su lugar. Se analizarán algunas rutinas:

• EL TIEMPO DE LA SIESTA Y EL TIEMPO DE ACOSTARSE

Garantizar el número apropiado de horas de sueño y en los períodos correspondientes es uno de los aspectos principales para la salud. La vigilia es el estado activo del organismo en el cual el niño permanece despierto en contacto con el mundo que lo rodea. Las actividades que se hacen durante esta deben también constituir una rutina que proporcione estabilidad física y psíquica.

El tiempo de la siesta y el tiempo de acostarse pueden transmitir calor y seguridad o tensión y agitación al niño. se puede crear un ambiente relajado y seguro para antes de dormir fijando una rutina diaria que sea tranquila y constante, la cual puede ser por medio de una lectura, música suave, frotando la espalda del niño o continuando con las rutinas agradables que la familia acostumbra antes de dormir.

La cantidad de horas de sueño que cada niño necesita depende de la edad y la calidad de la actividad que efectúa. La falta de sueño produce irritabilidad, especialmente en los más pequeños.

Algunos padres pretenden que los niños no duerman durante el día para que se acuesten temprano, pero los niños necesitan cierto tiempo de reposo para garantizar el descanso funcional de las células nerviosas, la recuperación de su capacidad de acción y, como consecuencia, la reducción de la fatiga.

• TIEMPO DE LA COMIDA

Para la alimentación se deben tener en cuenta las preferencias y necesidades del niño. Es necesario que las comidas, bebidas y postres sean variados y nutritivos. Los niños comen a su propio ritmo y algunos comen más que otros. El momento de la comida debe ser una experiencia compartida en familia, un momento de un clima emocional tranquilo, libre de presiones y chantajes, en el que además se le permita al niño, a medida que crece, que coma solo y, como se dijo, a su propio ritmo, aun cuando al principio sea más lo que riegue.

El comer por sí mismo y la manipulación cotidiana de los implementos para la alimentación (cuchara, vaso, tenedor) favorecen además otros desarrollos, como atención y concentración en una determinada actividad, lo que le va dando al niño cierto grado de estabilidad y constancia.

Además, el llevar con precisión los utensilios a la boca desarrolla la coordinación ojo-mano y movimiento de pinza (oposición de los dedos pulgar e índice), destrezas que el niño debe ejercitar para adquirir un manejo adecuado de objetos como lápices, tijeras, colores, es decir, para poder hacer luego con precisión trazos finos cuando empiece el proceso de escritura. como puede verse, al momento de la comida el niño no solo se alimenta, sino que se desarrollan a la vez otras habilidades y se le posibilita, además, un sentimiento de confianza en sí mismo y en sus capacidades, siempre y cuando los adultos le estén demostrando que se confía en él al permitirle hacer por sí mismo ciertas cosas, por lo cual es imperativo tener conciencia de que cuando se hace por el niño algo que él está en capacidad de hacer por sí mismo se le está negando una oportunidad.

• CONTROL DE ESFÍNTERES

Mediante el manejo de los cambios de pañal y entrenamiento en el sanitario para el control de esfínteres el niño aprenderá sobre su cuerpo, costumbres sociales, diferencias de sexo e higiene personal.

Cuando se inicia el proceso de control de esfínteres es necesario transmitir al niño una actitud positiva, teniendo en cuenta no causarle vergüenza o humillación, no presionarlo y mostrarse tolerantes y comprensivos. Hay que animarlo con la atención, paciencia y reconocimiento de sus logros y asegurarse de enseñarle la necesidad de lavarse las manos como parte de la rutina de aseo.

ACOMPAÑAMIENTO EN LAS RUTINAS Y FORMACIÓN DE HÁBITOS

Para un buen desarrollo infantil se necesita el acompañamiento de los adultos que para el niño sean significativos.

Estos adultos deben ser flexibles para responder a sus necesidades y, además, amorosos, comprensivos y que establezcan normas claras respecto a lo que le exigirán y hasta dónde lo acompañarán. La función de los padres es entonces la de acompañantes inteligentes y amorosos que propicien dichas rutinas con firmeza, tolerancia, claridad y constancia, estableciendo acuerdos de pareja y siendo coherentes con el ejemplo, para lograr en sus hijos la formación de hábitos saludables.

Es importante que a medida que el niño crece se le vayan dando pequeñas responsabilidades acordes con sus capacidades: llevar la ropa sucia a su lugar, guardar sus juguetes cuando ha terminado de jugar, entre otras, intentando que sea una actividad del día a día para que se convierta en rutina. El tener pequeñas responsabilidades que esté en capacidad de cumplir aumenta en el niño su sensación de autonomía, además de ser una excelente herramienta en la construcción de la disciplina. En resumen, establecer rutinas precisas aporta no solo a la formación de hábitos saludables, sino que además le permite al niño adquirir confianza en él mismo y en el medio, responsabilidad, formación de la voluntad, disciplina y comportamientos de autocuidado que lo llevan a la independencia y a la autonomía, todo lo cual redundará en una más alta autoestima.

Trabajo de investigación.
CUERPO COLEGIADO DE PSICOLOGAS OETH

Dra. ALBA CARMONA.
Dra. MONICA CASTRILLON.
Dra. YENNI TAMAYO.

CUERPO COLEGIADO DE COORDINADORES OETH

Lic. YAMILETH PRECIADO CABEZAS.
Lic. SAMIRA HERMINIA DOMINGUEZ P.
Lic. FABIOLA FIGUEROA DE OTERO.
Lic. ROSARIO LEYTON M.
Lic. LUIS MIGUEL ARIAS E.

Con el apoyo del Dr. LUIS CARLOS TENORIO HERRERA.

LECTURAS RECOMENDADAS

  1. EL NIÑO ENTERO: DESARROLLO DE NACIMIENTO HASTA CINCO AÑOS. SON LAS PEQUEÑAS COSAS: RUTINAS DIARIAS. DISPONIBLE (JUNIO 7 DE 2004) EN: HTTPS://WWW.PBS.ORG/WHOLECHILD/SPANISH/PARENTS/LITTLEL

  2. GOLSE B. EL DESARROLLO AFECTIVO E INTELECTUAL DEL NIÑO. BARCELONA: MASSON; 1987.

  3. PÉREZ G. EL DESARROLLO DEL EGO. SUS OCHO ETAPAS SEGÚN ERIK ERIKSON. DISPONIBLE (JUNIO 7 DE 2004 EN: HTTPS://SERPIENTE.DGSCA.UNAM.MX/ROMPAN/50/RF50DL

®
Diseño, programación y soporte Webmaster Cali